“Yo quiero juguetes y dulces y buenos tratos, no quiero compromisos ni hacerme cargo.Aunque sea así aunque todo tenga un fin, si existe un lugar así yo quiero ir, existe un lugar mejor no digas que no, quiero el brillo en mis ojos hoy, igual que lo tuve ayer, yo quiero volver atrás yo quiero volver y no crecer más”.
Crecer, de Ataque 77
Hace unos días estaba con unos amigos tomando unas cervezas y no pudimos dejar de notar a los jovenzuelos de la mesa contigua.
Estos jóvenes se encuentran como bien lo diría mi hermano español Nacho en la “edad del pavo”. Aaaahh la edad del pavo, aún recuerdo aquellos buenos días, te ríes más fuerte, te diviertes más y de alguna forma la vida siempre suele ser más simple, mientras más joven eres. Fue entonces viendo como ellos se divertían ciertamente en mayor medida que yo o mis amigos, que me vino a la cabeza la idea para esta entrada ¡Que desilusionante es crecer!
¿Recuerdas cuando éramos unos críos? El primer recuerdo que tengo de mi vida tengo que admitir que fue precisamente desilusionante, fuimos al hospital para regresar con un hermanito y eso no paso, regresamos con las manos vacías, no se porque ese es el recuerdo más temprano en mi vida que tengo, tal vez por la impresión de ver un hospital por primera vez o por saber que iba a obtener algo importante aunque al final eso no llego, pero en realidad mi mente aún joven no tuvo un sentido de pérdida muy grande, ya que no entendía en realidad la seriedad del asunto.
Adelantando unos años más y recordando mis primeras Navidades, cumpleaños y amistades, ¿A poco no tiendes a recordar que todo era mejor? Cuando menos yo sí, los dulces sabían al sabor que decía en la etiqueta, ahora solo me saben a azúcar, mi comida favorita sabía a gloria, en estos días ya no es tan mimásfavorita, simplemente no sabe igual que cuando era pequeña, prefiero otras cosas. Ir a la playa era todo un acontecimiento, a pesar de que tenía que pasar de 12 a 14 horas en el auto, ya que la costa que frecuentábamos era el Golfo de México y en realidad no la pasaba nada bien en el trayecto, ya que las curvas tenían un efecto vomitivo en mi persona, más no me importaba para nada, en cuanto llegábamos a la playa yo no dejaba de jugar, mi gran logro era hacer un castillo de arena con una cubeta y un gran pozo que usaba de alberca al llenarse con el agua de mar, recuerdo mi lanchita y a mi papá nadando hasta quedar exhausto para que yo me paseara, pasaba horas saltando olas para que no me atraparan, dormía siestas en hamacas y comía cocteles de camarón con mucha catsup ¡vaya que me divertía!. Hoy en día anhelo ir a la playa, pero no para divertirme si no para desestresarme, para tratar de olvidar que en 3 días más tengo que trabajar, ah sí porque yo ya no puedo ir una semana completa y mucho menos 15 días a la playa como en los viejos tiempos, si bien me va iré cuatro días ya que es puente y pude sacar un día de vacaciones más, ya no hago mas castillos de arena, ya nadie me entierra en la arena hasta solo ser una cabeza, ya no salto las olas para que no me atrapen, tomo siestas largas en una silla de playa y los cocteles ya no son de camarón si no de vodka, por cierto ya no soy tan fansss de la catsup.
¿Qué tal las navidades? Aún recuerdo cuando debajo del árbol encontré mi primer triciclo, si ¡era Apache! (¡que fancy!!) ¡y rojo!!! Justo como lo quería, creo que le di la vuelta al mundo en mi triciclo apache, jale avalanchas, paseé a mis amigos y corría más rápido que Schumi, bueno así es como yo lo recuerdo. Pero debo de hablar de mi juguete másfavoritodetodaslasnavidades, mi casa del árbol, sí la casa del árbol, venía con la familia completa, tenía cocina, sala y cuartos, un elevador que te llevaba a la casa y un garage en el tronco con auto incluido, recuerdo jugar tardes enteras con mi casa del árbol, en el pasto del patio trasero de mi casa, recuerdo los caminos de lodo que hacía, ya que obvio la familia tenía que salir a pasear, el centro comercial se encontraba en el área de las violetas, el otro lado de la ciudad se encontraba debajo del asador y la escuela debajo del árbol de limón. Hoy mi juguete favorito tendré que decir que es el televisor, ¡Ah que tiempos aquellos! Cuando lo único que necesitaba, era una caja de cartón para crear un nuevo mundo y tener horas, tal vez días de diversión.
¿Qué tal los amigos? Yo no era la persona mas socialita del mundo, debo de admitir, pero que fácil era hacer amigas y amigos cuando la edad la podía contar con los dedos de mis manos, tenía muchos mejores amigos, tenía a mis amigos de la colonia, a mis amigas de la escuela, a mis amigos hijos de los amigos de mis papás, los cumpleaños con todos ellos, los regalos, las piñatas, los dulces, el pastel, recuerdo a mi mamá decirme varias veces a quien quieres invitar a jugar a ¿Unos o a otros?. Pero mamá ¡yo quiero invitar a todos!. No hija no caben todos en la casa, decide a quien quieres invitar. Esta bien mamá (cara con puchero incluida).
Hoy la edad no la puedo contar con los dedos de mis manos, pero mis verdaderos amigos si, que vueltas da la vida ¿no?.
Que desilusionante es crecer ¡carajo!, los colores no brillan igual, las cosas no saben igual, los espacios se han reducido, el patio de juegos de mi escuela no es del mismo tamaño, los árboles son más pequeños y la cueva que se hacía con las bugambilias estoy segura que no admite a más de un niño adentro, pero cuando yo era chica, el patio era enorme, los árboles gigantes y en la cueva cabíamos 5 mientras jugábamos a los listones.
Cuando yo era chica la sandía sabía más a sandía, las fresas sabían más a fresa y los gansitos eran más grandes y tenían más mermelada en el interior, existían las pizzerolas y no los doritos sabor incógnita (¿a quién se le ocurrió que incógnita es un sabor?)
Que desilusionante es crecer, ya no me río tan fuerte ni con tanta frecuencia como cuando era niña, ya me cuesta trabajo creer, ya los días no tardan eternidades en acabarse, ya tengo responsabilidades, ya no voy a la escuela tengo que ir a trabajar, ya no juego a las escondidas, ya no corro tan rápido como pueda solo por el gusto de, mi ejercicio es planeado y muy temprano por las mañanas, por lo general no despierto con mucho gusto porque voy a correr.
Después de mucho pensarlo, creo que sé porque los adultos tienen hijos, no es porque quieran formar una familia, no es porque necesitan tener un heredero que lleve el buen nombre de la familia, no es porque quieran tener el fruto de su amor.
No señoras y señores, señoritas y señoritos, como dice la canción “No es amor, no es amor, es una obsesión”, sí es una obsesión, una obsesión por recuperar la ilusión, por recuperar los años vividos, por tener una excusa para jugar a las escondidas y no parecer un fugitivo huyendo de la justicia, los padres se reflejan en sus hijos, vuelven a vivir el descubrimiento y la inocencia a través de ellos, vuelven a creer, vuelven a tomarle gusto a las cosas que ya no sabían igual al ver a sus hijos experimentarlas por primera vez, vuelven a revivir el primer amor. Por eso y todo lo perdido, es que los padres tienen hijos, ¡que crueles! ¿qué no ven que se acaba?
¿Por qué nadie me aviso? Hubiera corrido más rápido, hubiera saboreado más, hubiera jugado más, me hubiera reído más, hubiera, hubiera...

